“La La Land”, dirigida por Damien Chazelle y protagonizada por Emma Stone y Ryan Gosling, es un musical moderno que combina romance, drama y aspiraciones artísticas en el marco de Los Ángeles. La película narra la historia de Mia, una joven actriz que persigue su sueño en Hollywood, y Sebastian, un pianista apasionado por el jazz, mostrando cómo el amor y la ambición se entrelazan y se ponen a prueba. En este artículo exploraremos el argumento completo, desde su vibrante apertura hasta su emotivo final, y ofreceremos una crítica detallada de sus interpretaciones, música, dirección y aspectos técnicos, evaluando sus aciertos y limitaciones.

Tabla de contenidos
🧩 Argumento
“La La Land” comienza con un musical urbano en plena autopista de Los Ángeles, donde un grupo de personas comienza a cantar y bailar en medio de un atasco de tráfico, estableciendo desde el primer momento el tono colorido, optimista y onírico de la película. En este escenario, conocemos a Mia (Emma Stone), una joven actriz aspirante que sueña con triunfar en Hollywood, y a Sebastian (Ryan Gosling), un pianista de jazz apasionado por la música clásica y tradicional, que lucha por mantener vivo su sueño de abrir su propio club de jazz.

El encuentro entre ambos es fortuito pero significativo, primero con una disputa en la carretera y luego con varias coincidencias que los llevan a interactuar y conocerse más profundamente. Tras algunas dificultades y malentendidos iniciales, surge entre ellos un romance lleno de química, marcado tanto por la pasión artística como por los desafíos de perseguir sus propios sueños. La película alterna entre escenas románticas, números musicales y momentos introspectivos, mostrando cómo ambos personajes equilibran sus aspiraciones profesionales con su relación.

A medida que Mia participa en audiciones y fracasos, y Sebastian acepta tocar en clubes menos prestigiosos para ganarse la vida, la relación se pone a prueba. La tensión aumenta cuando Mia decide mudarse a París por una oportunidad laboral significativa, mientras Sebastian se debate entre seguir su sueño de abrir un club de jazz auténtico y permanecer en Los Ángeles. La historia muestra el conflicto entre el amor y la ambición, reflejando la dificultad de conciliar relaciones personales con proyectos profesionales que definen la identidad de cada uno.

En el clímax de la película, después de varios años, Mia se ha convertido en una actriz reconocida, mientras Sebastian ha logrado abrir su club de jazz soñado. Por casualidad, Mia entra al club y reconoce a Sebastian como el hombre que marcó su vida. La película cierra con una secuencia onírica y musical, mostrando lo que podría haber sido si sus caminos se hubieran mantenido juntos, combinando realidad y fantasía en un emotivo montaje que celebra sus sueños cumplidos y el precio que han pagado.

Finalmente, “La La Land” deja al espectador con una sensación agridulce: una historia de amor, aspiración y sacrificio, donde los protagonistas logran sus sueños, pero a costa de no estar juntos, reflejando la tensión entre la pasión artística y la vida personal en una Los Ángeles soñada y llena de magia cinematográfica.

📝 Crítica
Muchos opinan que, debido al dramatismo de los personajes y de la historia en sí, “La La Land” estaría más destinada a un público femenino que masculino. No puedo estar más en desacuerdo. La película ofrece otros registros: buenas interpretaciones de todos los actores en general, y de Emma Stone en particular, un despliegue visual simplemente espectacular, y una música que se mete hasta lo más profundo de la cabeza y no te abandona una vez termina el metraje.

El inicio, con personas cantando y bailando en un atasco de tráfico, podría parecer un recurso más dentro del género de musicales, algo visto ya en otros filmes. Sin embargo, pronto se suceden unos geniales cambios de cámara, posiblemente rodados con un dron, que transforman la percepción inicial y hacen que el espectador se enganche al instante. A partir de ahí, la película va consolidando su ritmo, con personajes carismáticos que provocan empatía, y con escenas de baile cuidadas y muy bien ejecutadas.

Emma Stone brilla al cantar, mientras que Ryan Gosling, aunque más limitado vocalmente, aporta naturalidad y un encanto especial. Cabe destacar también su habilidad al piano, que añade un plus de realismo a su personaje. La fotografía, el vestuario y el diseño de producción contribuyen a crear un universo visual que es a la vez moderno y nostálgico, logrando que uno salga del cine con la sensación de haber visto una película redonda y muy bien ejecutada.

La banda sonora es otro de los grandes aciertos: algunas piezas transportan al espectador a otras épocas del cine y del jazz, mientras que los números musicales combinan coreografía, música y cinematografía con gran estilo. Cierto que hay escenas con los personajes volando sobre fondos artificiales, quizá un homenaje a los clásicos del musical, que pueden resultar prescindibles, pero no empañan la experiencia global.

En resumen, aunque muchos prefieran películas de acción o de superhéroes, y aunque a quien escribe le suelen aburrir los musicales, “La La Land” tiene algo especial: un equilibrio perfecto entre romance, sueños y nostalgia, y un arte visual y sonoro que hace que merezca la pena verla. Para quienes todavía no la hayan visto, mi recomendación es clara: deja a un lado los prejuicios, sumérgete en su mundo y saca tus propias conclusiones.

ButacaMax 



