Estrenada en 1983, “Octopussy” supuso una de las entregas más sólidas y espectaculares de la etapa de Roger Moore como James Bond. La trama arranca con el asesinato del agente 009 en Berlín Oriental, portando un misterioso huevo de Fabergé falsificado que destapa una compleja conspiración internacional. Entre subastas de arte, traficantes sin escrúpulos y tensiones propias de la Guerra Fría, Bond se adentra en una misión que lo llevará hasta la India y una enigmática isla gobernada por mujeres guerreras. Con un villano elegante, una amenaza nuclear inminente y abundante acción, la película combina exotismo, espectáculo y espionaje clásico.

ℹ️ Más información sobre la película en el artículo: Octopussy (1983).
Tabla de contenidos
🧩 Argumento de ‘Octopussy’
El asesinato del agente 009 en Berlín Oriental pone en alerta al Servicio Secreto británico, al descubrirse que portaba una falsificación de un valioso huevo de Fabergé. El hecho de que muriera intentando hacerlo pasar por auténtico añade un matiz inquietante al caso, pues sugiere que estaba tras una operación mucho más compleja de lo que parecía a simple vista.

La aparición de varias piezas similares en el mercado despierta sospechas sobre una posible operación encubierta destinada no solo al contrabando de arte, sino a financiar una maniobra mucho más ambiciosa. Lo que en principio parece un simple caso de tráfico de antigüedades pronto se revela como la punta del iceberg de una conspiración internacional con implicaciones políticas de gran calado.

Siguiendo la pista del carismático y calculador Kamal Khan, Bond viaja a la India, donde se adentra en un entorno de lujo, juego y apariencias engañosas. Entre palacios, subastas privadas y mesas de backgammon, el agente comienza a desenredar una trama donde nada es exactamente lo que parece. Allí descubre una intrincada red que conecta al traficante con la enigmática Octopussy, líder de una organización femenina dedicada al comercio de joyas, y con el ambicioso General Orlov, un militar soviético radical que actúa al margen de la estrategia oficial de su país.

Orlov planea detonar una bomba nuclear en una base estadounidense en Alemania Occidental, simulando un accidente durante una exhibición militar, con el objetivo de forzar la retirada de fuerzas occidentales y alterar el equilibrio político europeo en plena Guerra Fría. Su intención es provocar el pánico y desestabilizar el tablero geopolítico, confiando en que Occidente opte por la desescalada ante el temor de un conflicto mayor.

La investigación conduce a Bond hasta una isla secreta habitada por mujeres entrenadas en combate y leales a Octopussy. Este enclave aislado, mezcla de santuario y base de operaciones, se convierte en escenario clave para destapar la conspiración. Allí se revelan las verdaderas alianzas, las traiciones y los dobles juegos, y se confirma que Octopussy no es plenamente consciente del alcance real del plan nuclear, lo que añade un matiz moral interesante al personaje y complica su relación con Bond.

El clímax tiene lugar en un circo itinerante que sirve como tapadera para trasladar la bomba sin levantar sospechas, aprovechando su carácter ambulante y su constante movimiento entre países. Bond, incluso disfrazado de payaso en una de las imágenes más icónicas y arriesgadas de la saga, intenta desactivar el artefacto antes de que estalle. La tensión y el espectáculo culminan en una carrera contrarreloj que recupera el tono clásico de amenaza nuclear global, combinando intriga política, acción física y ese inconfundible sello aventurero propio de la franquicia.

📝 Crítica de ‘Octopussy’
En general, ésta es mucho (muchísimo) más película que varias de las anteriores entregas inmediatas. Se nota una mayor ambición narrativa, un guion más trabajado y una sensación de equilibrio que venía echándose en falta. La trama, aun siendo enrevesada, está mejor estructurada y consigue combinar intriga política, aventura exótica y amenaza nuclear sin caer en el exceso autoparódico que había lastrado otros títulos de la etapa.

Para empezar, el elenco de villanos funciona francamente bien: “Gobinda” impone presencia física y amenaza constante, los gemelos asesinos aportan un punto inquietante y casi circense, y el conjunto transmite una sensación de peligro más tangible que en otras aventuras de la etapa Moore.

A ello se suma un grupo de “chicas Bond” especialmente sólido, tanto por carisma como por relevancia dentro de la trama, algo que históricamente no siempre ha ocurrido en las películas de la saga.

Por otro lado, las escenas de acción están muy bien construidas y mantienen un ritmo narrativo que engancha. La persecución en tren, el asalto final y la tensión creciente alrededor de la bomba nuclear consiguen que el espectador permanezca atento sin sensación de estancamiento.

Sí es cierto que me hubiera gustado algo más de contundencia en la defensa de la isla de mujeres cuando es atacada: la idea es potente, pero su resolución resta credibilidad al conjunto y suaviza demasiado un planteamiento que prometía mayor fuerza.

No gustó demasiado que Bond se vistiera de payaso para infiltrarse y localizar la bomba. Es una de esas decisiones que dividen al público: para algunos rompe la imagen icónica del agente elegante e impecable; para otros demuestra que el personaje está dispuesto a humillarse si con ello salva el mundo. Personalmente, aunque chirría visualmente, creo que la escena funciona por la tensión que transmite, especialmente en el tramo contrarreloj.

En cualquier caso, como decía, estamos ante una gran película en líneas generales, equilibrada entre exotismo, intriga y espectáculo. Eso sí, también es justo señalar que a Roger Moore se le empezaban a notar los años, especialmente en determinadas escenas físicas. Aun así, su carisma y su dominio del tono irónico siguen sosteniendo con solvencia una entrega que, dentro de su etapa, figura claramente entre las más completas y entretenidas.

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